El 86% de los españoles exige soberanía tecnológica europea para competir

Ocho de cada diez ciudadanos en España muestran su preocupación por la dependencia tecnológica externa y piden que Europa desarrolle sus propios sistemas.
Preocupación por la dependencia digital
Un estudio reciente llevado a cabo por la Fundación Telefónica revela un consenso significativo entre la población española respecto al futuro tecnológico del continente. Según los datos recogidos en esta primera gran encuesta sobre soberanía digital, el 86% de los encuestados sostiene la necesidad de que Europa impulse su propia capacidad tecnológica.
El objetivo principal de esta demanda es fortalecer la posición de la Unión Europea en el complejo escenario competitivo global. Los participantes manifiestan una clara inquietud ante la actual subordinación de la infraestructura digital europea a empresas y proveedores de potencias extranjeras.
Claves de la encuesta de la Fundación Telefónica
La investigación analiza cómo la sociedad española percibe la gestión de sus datos y la autonomía de sus sistemas operativos. Entre los puntos más destacados de los resultados se encuentran:
- La necesidad de reducir la dependencia de firmas tecnológicas foráneas.
- El deseo de fomentar un ecosistema de innovación propio en territorio europeo.
- La importancia de garantizar la seguridad y la privacidad mediante tecnología local.
- La percepción de una brecha competitiva frente a otros grandes bloques económicos.
El reto de la soberanía en el entorno global
El informe subraya que la dependencia de proveedores externos no es solo una cuestión de mercado, sino un factor de autonomía estratégica. La mayoría de los españoles consultados consideran que la falta de tecnología propia limita la capacidad de respuesta de la región ante crisis o cambios en las normativas internacionales.
Este sentimiento de urgencia por la soberanía digital coincide con el debate actual en los organismos europeos sobre la creación de infraestructuras críticas independientes. La encuesta de la Fundación Telefónica actúa como un termómetro social que valida la importancia de la inversión en I+D para asegurar la competitividad futura.
